Mostrando entradas con la etiqueta Pedro Checa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pedro Checa. Mostrar todas las entradas

viernes, 14 de noviembre de 2014

Pedro Checa sobre la importancia de la existencia de un trabajo colectivo y la peligrosidad de la familiaridad en el partido

Cartel propagandístico del Partido Comunista de España del 1 de mayo

«La falta de un trabajo colectivo arrastra consigo –además de la imposibilidad de una acertada dirección–, la familiaridad, las amistades personales en los órganos de dirección, la creación de los grupos de amigos a través del trabajo, por la amistad y por la lucha, por mil factores muy ligados entre sí. Y en estas condiciones, es raro, difícil que se produzca una crítica y una autocrítica bolchevique, ya que se antepone a la necesidad de realizar ésta, para fortalecer y desarrollar el partido, el temor a que la enemistad se produzca, lo que de hecho impide la ejecución de la crítica en el partido.

Esto no quiere decir que el partido esté en contra de la amistad y de las buenas relaciones personales entre todos sus militantes y entre los camaradas de dirección, sino que en el aspecto político, cuando se trata de discutir los problemas fundamentales del partido, hay que colocar siempre los intereses de éste, que son los de todas las masas, por encima de todas otras cuestiones. También es preciso que la amistad personal no se traduzca nunca en una mengua de la autoridad política de aquellos camaradas que ocupan cargos responsables en las direcciones del partido.

La falta de un trabajo colectivo y la familiaridad de los órganos de dirección, impiden que ésta sea eficaz y trae, como consecuencia, peligros enormes, tales como el caciquismo, la burocratización e incluso el caudillismo, al subirse el humo a la cabeza.

Hay que imponer a rajatabla en el partido el método de trabajo colectivo, especialmente en los órganos dirigentes». (Pedro Checa; Tareas de organización y trabajo práctico del partido: Informe en el Pleno del Comité Central del Partido Comunista de España, 3 de noviembre de 1937)

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Tareas de organización y trabajo práctico del partido: Informe en el Pleno del Comité Central del Partido Comunista de España; Pedro Checa, 1937

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

El Partido Comunista de España, tuvo entre sus filas grandes figuras hoy poco conocidas, José Díaz es un marxista-leninista español con este clásico trato que con el devenir de los años y los acontecimientos, ha sido arrastrado al ostracismo por culpa de los revisionistas, y porque no decirlo: ¡también por la correspondiente ineficiencia, inoperancia de los marxista-leninistas! En ese sentido, Pedro Checa (1910-1942) es otro ejemplo visible y muy interesante, por ello, en esta ocasión, traemos su informe al Pleno del Comité Central del Partido Comunista de España presentado el 3 de noviembre de 1937, titulado: «Tareas de organización y trabajo práctico del partido»; el mismo fue presentado durante el desarrollo de la guerra civil española y pretendía exponer lo siguiente:

(1) a que se debía la gran fuerza del Partido Comunista de España en el estado actual de la contienda,

(2) a que nuevas tareas debía adaptarse el partido en el curso actual de la guerra,

(3) que hacer para estructurar al partido adecuadamente para tales nuevas tareas.

En cada uno de estos tres capítulos o puntos, el autor irá profundizando según viera necesario. Por ejemplo en el capítulo primero, verá necesario explicar que el partido adquirió una fuerza e influencia de las masas debido a la buena interpretación del carácter de la guerra. En el segundo capítulo, se hará énfasis en explicar que la guerra según la naturaleza que ha adquirido, no puede seguir sirviéndose de milicias populares, siendo necesaria la estructuración de un Ejército Popular Regular con un mando único. En el tercer punto se hablará de cómo con el ascenso de la influencia del partido, y con ello la influencia de nuevos militantes, se hará indispensable enseñar a los nuevos militantes las normas y disciplinas bolcheviques, para así soldar al partido en una línea monolítica, para que entonces el partido pudiera afrontar y liderar el frente popular en la guerra.

Vale decir que Pedro Checa está considerado como uno, sino el mayor teórico-organizador del partido, con un peso real en las actividades y poder interno del partido, y siempre dedicado a sus actividades con una humildad comunista admirable, una característica transversal a los mejores bolcheviques, como así atestiguan sus coetáneos:

«Tenemos al camarada Pedro Checa, que es lo que podemos llamar el hombre de nuestro partido. No aparece lo suficiente en la superficie política porque su trabajo es un trabajo silencioso –los bolcheviques no tienen en cuenta nunca si su trabajo es más o menos ostensible–, pero vigilante y activo; es conocido, no solamente por los cuadros de nuestro partido, sino allí donde hace falta una ayuda de organización: en el frente o en la retaguardia, allí está el camarada Pedro Checa, resolviendo problemas de organización y dando las normas precisas, como corresponde a un gran secretario». (José Díaz; Por la unidad, hacia la victoria; Informe pronunciado en el Pleno del Comité Central del Partido Comunista de España, celebrado en Valencia, días 5 a 8 de marzo, 1937)

El nivel de conocimientos y formación de dicha figura sobre el partido y su organización era tal, que durante unos años el revisionista Partido Comunista de España trató de usar sus citas –como hacía con José Díaz– para intentar introducir en la mente colectiva de los militantes, de que el partido se regía por sus teorizaciones y prácticas, el ejemplo claro es que todavía hoy tiene tirada las obras del valenciano como: «¿Qué es el partido comunista?» escrita en 1937. Pero una vez oficializado el revisionismo eurocomunista en los años 70, se dejó de un lado a esta figura, por resultar molesta no las prácticas –que hacía tiempo que el partido había dejado de emular y simplemente se ignoraban– sino las teorizaciones y conceptos como: lucha de clases, dictadura del proletariado, centralismo democrático, crítica y autocrítica bolchevique, partido de línea monolítica y sin fracciones, etc. que el revisionismo eurocomunismo, conforme a su evolución hacia el socialdemocratismo quería abandonar también en el campo teórico.

A veces la obvia introducción de diferentes corrientes revisionistas en dicho partido –jruschovista, titoista, brezhneviana, carrillistas y anticarrillista, eurocomunista– desde mediados de los años 40, hicieron que los militantes de este partido se olvidaran de las conclusiones que este brillante teórico valenciano nos legara. Otras veces, y más a modo general, y no sólo dentro del Partido Comunista de España, el fanatismo y obsesión de los revisionistas españoles en sus referentes –los pro eurocomunistas en Santiago Carrillo, los pro revisionistas chinos en Mao Zedong, los pro revisionistas coreanos con Kim Il-sung, los pro revisionistas yugoslavos y tercermundistas en Tito–, hicieron que únicamente se fijaran y gastaran fuerzas en ellos y que jamás levantaran sus narices más allá de los textos pseudomarxistas de sus líderes mitificados, siendo ignorados o no dando importancia alguna a los escritos de los José Díaz, Joan Comorera, o Pedro Checa. Muestra de ello es el penoso estudio, que tanto los revisionistas españoles como otros que intentan aparentar ser «marxista-leninistas», que se realiza al respecto de la figura y obra de José Díaz, ningún esfuerzo por analizar su obra para el proletariado hispano. Y para mala fortuna nuestra, los pocos que se atreven a evaluar su obra acaban en las mismas posiciones trotskistas, maoístas, o eurocomunistas sobre estos marxista-leninistas españoles.

Las siguientes tesis de Pedro Checa están en plena consonancia con el concepto de partido leninista, y en abierta oposición al «partido de nuevo tipo» togliattista del revisionismo eurocomunista, a la «lucha de líneas» del revisionismo chino, al concepto de «centralismo democrático» que decía adherirse el revisionismo soviético, al concepto de rol del partido y el frente según el revisionismo yugoslavo, al concepto de partido browderista según el revisionismo estadounidense, o simplemente al concepto de partido clásico de la II Internacional.

Recomendamos leer a su vez, el capítulo llamado: «El centralismo democrático, la crítica y la autocrítica» de nuestra obra reeditada: «El revisionismo del «socialismo del siglo XXI» para poder entender, porque los actuales partidos del llamado «socialismo del siglo XXI» tampoco pueden considerarse como partidos leninistas, y que entran en contradicción con el concepto de partido del español marxista-leninista Pedro Checa.

Añadir que la siguiente obra de Pedro Checa no habría sido posible presentarla si no hubiera sido facilitada por un lector y colaborador el camarada y administrador del blog «Referencia Comunista» que desde ya mismo recomendamos al lector por su contenido, dicho autor del blog muy amablemente nos ha cedido la obra para que pudiera ser facilitada a través de nuestro espacio. Esperamos estrechar aún más la colaboración.

El documento:

I

La fuerza de nuestro partido

Celebramos este Pleno del Comité Central con un partido potente, que cuenta en su seno con miles y miles de militantes –de ellos un sesenta por ciento en el ejército– heroicos, abnegados, templados en el fuego de la lucha, siempre dispuestos al sacrificio por el triunfo de la causa popular, conscientemente disciplinados y férreamente unidos en la dirección y en la base; con un partido en pleno y pujante desarrollo, con magníficas posiciones, con un gran nivel político, con millares de cuadros nuevos que se califican cada vez más como dirigentes. Tenemos un partido de gran fuerza y mayor responsabilidad: por su volumen, por su unidad, por la justeza de su línea política, y por el prestigio y autoridad que tiene entre las masas del pueblo.

¿A qué se debe esa fuerza?

¿De qué proviene esa fuerza? Proviene la fuerza del Partido Comunista de España, como dijo el camarada José Díaz en el Pleno del Comité Central de marzo de 1937 y se ha repetido ahora, de su justa línea política de unidad proletaria y de frente popular, y de la realización práctica de esa línea.

El partido ha desarrollado una actividad enorme desde el comienzo de la guerra, y ha demostrado, con los hechos, que merecía y justificaba la confianza que las masas depositaban en él.

Ya antes del alzamiento militar-fascista, la actuación del partido para impedir la sublevación, sus avisos al gobierno, sus llamadas apremiantes denunciando todos los actos de provocación y el objetivo que perseguían, pusieron en guardia a las masas contra los manejos del enemigo y las prepararon para hacer frente al golpe militar.

Y cuando, a pesar de nuestras repetidas denuncias, se produjo la sublevación, todo nuestro partido estuvo en primera línea, combatiendo en todo el país y aplastándola en los principales puntos. Centenares de héroes comunistas cayeron en los asaltos a los cuarteles. En las primeras columnas que marcharon al combate, los comunistas ocuparon un puesto. Con entusiasmo y heroísmo insuperables nuestro partido se volcó en la lucha, aportando sus mejores cuadros para los mandos de las gloriosas milicias.

Nuestro partido ha señalado el carácter de nuestra guerra, interpretando, en todo momento, con gran clarividencia, las necesidades de la situación, y ha aportado las soluciones precisas de cada hora.

Desde los primeros momentos, con visión certera de la guerra, como en su magnífico informe ha mostrado la camarada Dolores Ibárruri, contribuyó en primera línea, con su trabajo tenaz y enérgico, a organizar el Ejército Regular Popular, a través de una gran campaña en todo el país, de un gran trabajo político entre los combatientes y, sobre todo, mediante la organización de lo que constituyó su base fundamental: el Quinto Regimiento de Milicias, y con el millares de Mandos y Comisarios, forjados en el espíritu de lucha y de sacrificio, que nuestro partido pide a sus militantes, así como un gran amor a la causa del pueblo.

Y nuestro partido ha aportado, señaladamente:

Su gran contribución a la creación del Comisariado de Guerra, que ha jugado y juega un papel tan fundamental en esta lucha, y su gran aportación de formidables cuadros para Comisarios, que han sido artífices del Ejército Popular.

La actividad desplegada en aviación, en tanques, en intendencia, en sanidad, que han contribuido en gran medida a la organización de estos servicios, parte importantísima del Ejército Popular.

La gran iniciativa y actividad, desplegadas por el partido desde el comienzo, para organizar la Industria de Guerra.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Pedro Checa y su visión marxista-leninista del partido; Equipo de Bitácora (M-L), 2014

El Partido Comunista de España, tuvo entre sus filas grandes figuras hoy poco conocidas, José Díaz es un bolchevique con este clásico trato que con el devenir de los años y los acontecimientos, ha sido arrastrado al ostracismo por culpa de los revisionistas, ¡y por ineficiencia, inoperancia o inexistencia de los marxista-leninistas! Pero Pedro Checa, (1910-1942), es otro ejemplo visible y muy interesante. En este caso estamos hablando de alguien que era considerado como uno, sino el mayor teórico-organizador del partido, con un peso real en las actividades y poder interno del partido, y siempre trabajando en sus actividades con una humildad comunista admirable sólo rememorable en los mejores héroes modestos, como atestiguan sus coetáneos de entonces:

«Tenemos al camarada Pedro Checa, que es lo que podemos llamar el hombre de nuestro partido. No aparece lo suficiente en la superficie política porque su trabajo es un trabajo silencioso –los bolcheviques no tienen en cuenta nunca si su trabajo es más o menos ostensible–, pero vigilante y activo; es conocido, no solamente por los cuadros de nuestro partido, sino allí donde hace falta una ayuda de organización: en el frente o en la retaguardia, allí está el camarada Pedro Checa, resolviendo problemas de organización y dando las normas precisas, como corresponde a un gran secretario». (José Díaz; Por la unidad, hacia la victoria; Informe pronunciado en el Pleno del Comité Central del Partido Comunista de España, celebrado en Valencia, días 5 a 8 de marzo, 1937)

Veamos otro ejemplo palpable de sus grandes dotes y su carisma en el partido:

«Checa, cuyo nombre auténtico era Pedro Fernández Checa, tenía alguna formación teórica, y por eso se puede decir que constituía una excepción; se había integrado en el PC desde grupos izquierdistas preocupados por el dilema ideológico del momento entre trotskismo, leninismo y el emergente stalinismo. Estudió comercio y trabajaba de delineante; asistía a los debates juveniles de socialistas y comunistas y militaba en un pequeño grupo marginal llamado «Rebelión». Había nacido en Valencia, pero su estancia en Sevilla le condicionó a aceptar el PCE por la influencia personal y mutua del secretario general, José Díaz. Tenía una enorme capacidad de trabajo y organización, que conjugaba con una gran modestia y una timidez que rayaba en lo enfermizo. Era, después de Pepe Díaz, el hombre más querido por la base del partido, aunque fuera de la organización se tratara de un desconocido, frente a figuras como Ibárruri, Hernández o Antón, que biológicamente pueden considerarse sus opuestos». (Gregorio Morán; Miseria y grandeza del Partido Comunista de España 1939-1985, 1986)

El nivel de conocimientos y formación de dicha figura sobre el partido y su organización era tal, que durante unos años el revisionista Partido Comunista de España trató de usar sus citas  –como hacía con José Díaz– para intentar introducir en la mente colectiva de los militantes, de que el partido se regía por sus teorizaciones y prácticas. Pero una vez oficializado el revisionismo eurocomunista en los años 70, se dejó de un lado a esta figura, por resultar molesta no las prácticas –que hacía tiempo que el partido había dejado de emular– sino las teorizaciones y conceptos como: lucha de clases, dictadura del proletariado, centralismo democrático, crítica y autocrítica bolchevique, partido de línea monolítica y sin fracciones, etc. que el revisionismo eurocomunismo, conforme a su evolución hacia el socialdemocratismo quería abandonar también en el campo teórico.

A veces la obvia introducción de diferentes corrientes revisionistas en dicho partido 
–jruschovista, titoista, brézhneviana y anticarrillista, eurocomunista– desde mediados de los años 40, hicieron que los militantes de este partido se olvidaran de las conclusiones que este brillante teórico valenciano nos legara. Otras veces, y no sólo dentro del Partido Comunista de España (PCE), el fanatismo y obsesión de los revisionistas españoles en sus referentes –los pro eurocomunistas en Santiago Carrillo, los pro revisionistas chinos en Mao Zedong, los pro revisionistas coreanos con Kim Il-sung, los pro revisionistas yugoslavos en Tito–, hicieron que únicamente se fijaran y gastaran fueras en ellos y que jamás levantaran sus narices más allá de los textos pseudomarxistas de sus líderes mitificados, siendo ignorados o no dando importancia alguna a los escritos de los José Díaz, Joan Comorera, o Pedro Checa. Muestra de ello es el penoso bagaje que actualmente tanto los revisionistas españoles, como otros que intentan aparentar ser «marxista-leninistas», no hacen, respecto a la figura y obra de José Díaz, ningún esfuerzo por analizar su obra para el proletariado hispano. Y para mala fortuna nuestra, los pocos que se atreven a evaluar su obra acaban en las mismas posiciones trotskistas, maoístas, o eurocomunistas sobre estos marxista-leninistas españoles, negando los principios del valenciano y practicando un liberalismo, caciquismo y otras tendencias inherentes a un centralismo burocrático.

Las siguientes tesis están en plena consonancia con el concepto de partido leninista, y en abierta oposición al «partido de nuevo tipo» togliattista del revisionismo eurocomunista, a la «lucha de líneas» del revisionismo chino, al concepto de «centralismo democrático» que decía adherirse el revisionismo soviético, al concepto de rol del partido y el frente según el revisionismo yugoslavo, al concepto de partido browderista según el revisionismo estadounidense, o simplemente al concepto de partido clásico de la II Internacional. 

Recomendamos leer a su vez, el capítulo llamado: «El centralismo democrático, la crítica y la autocrítica» de nuestra obra reeditada: «El revisionismo del «socialismo del siglo XXI» de 2013, 
para poder entender, porque los actuales partidos del llamado «socialismo del siglo XXI» tampoco pueden considerarse como partidos leninistas, y que entran en contradicción con el concepto de partido del español marxista-leninista Pedro Checa.

Así mismo recomendamos la obra del propio Pedro Checa: «Tareas de organización y trabajo práctico del partido: Informe en el Pleno del Comité Central del Partido Comunista de España» de 1937. Así como: «¿Qué es y como funciona el partido comunista?».

El documento:

Folleto de la época que promocionaba una de las obras de Pedro Checa relacionada con la organización del partido comunista

Pedro Checa y su visión marxista-leninista del partido

(1) Sobre el partido y su necesidad

«Este partido, el partido de la clase obrera española, debía estar en condiciones de prever el curso de los acontecimientos y preparar a los trabajadores para hacerles frente; debía comprender la etapa de la revolución en desarrollo y sus objetivos democráticos; debía asegurar con su línea, con su estrategia y con su táctica, el concurso de los aliados naturales necesarios al proletariado, especialmente los campesinos; debía comprender y asegurar, en la lucha misma, el papel dirigente del proletariado en el bloque de las fuerzas populares. Comprendiendo el carácter democrático-burgués de la revolución, el partido debía tener siempre en cuenta las particularidades, tanto nacionales como internacionales de la situación y sus exigencias, y con arreglo a ellas y apoyándose en la teoría, hallar la línea justa para el partido, la clase obrera y las masas. El partido debería estar alerta a cada cambio que se produjera para adoptar con toda audacia el rumbo necesario sin perder jamás de vista los objetivos fundamentales de la lucha. Para ello debía inspirarse y nutrirse, convirtiéndose en un guía para la acción, en la doctrina marxista-leninista-stalinista, expresión de los intereses momentáneos y permanentes de la clase obrera, de sus objetivos y de su misión histórica, y bajo cuya sola guía puede ésta alcanzar la victoria. 

El partido, para poder jugar su papel dirigente de la clase obrera, debía reunir en su seno a los elementos más conscientes de ésta, de los trabajadores en general. Debía mantener en todas las circunstancias un contacto vivo y estrecho con los lugares de trabajo y las masas en general, esforzándose porque su línea política, su táctica, fueran patrimonio de las masas. El partido debía aprender de las masas y corregir a tiempo ante ellas, sin temor y con toda franqueza, sus errores y debilidades, sobre la base de la autocrítica revolucionaria. Era menester que el partido estuviera constituido en tales condiciones que en cualquier circunstancia, legal, semilegal o ilegal, bajo el más desenfrenado terror, estuviera facultado para pelear, para cumplir su papel dirigente, a fin de que, en ningún caso, se viera privada la clase obrera y el pueblo de su vanguardia. 

El partido sólo podría cumplir su misión sobre la base de la máxima unidad y disciplina internas sin grupos ni fracciones, sin tendencias y corrientes divergentes. Unidad y disciplina basadas en los sólidos principios del marxismo-leninismo-stalinismo, en la compenetración de todas las organizaciones y militantes con la línea política del partido y con su dirección, en el ejercicio del centralismo democrático. Esta unidad férrea sólo podría lograrse en una lucha consecuente contra las concepciones falsas y las tendencias extrañas a la clase obrera, contra todas las tendencias de compromiso y de capitulación, contra todo género de traidores, de desviaciones e intrigas, en la lucha encarnizada contra los bandidos trotskistas. 

Era menester, en fin, que el partido recogiera y asimilara las mejores tradiciones y experiencias de organización y de lucha del movimiento obrero español y los fundiera con la invencible teoría y práctica del marxismo-leninismo-stalinismo. Que el partido, siendo profundamente nacional, se basara en el principio y en la práctica del internacionalismo proletario. Que se guiara por el ejemplo glorioso del Partido Bolchevique que había conducido a los trabajadores de todo el mundo a su más grande conquista, la Unión Soviética; por la Komintern –Internacional Comunista–, que condensaba la experiencia del movimiento obrero internacional; por el gran jefe de la clase obrera y de los pueblos, nuestro maestro Stalin». (Pedro Checa; José Díaz, constructor del gran Partido Comunista de España, 1942)